lunes, 7 de febrero de 2011

forget


Necesito salir de aquí, como sea. Olvidarme de todo. Comenzar de nuevo. Que todo vuelva a ser como antes. Pensar que nada hubiese pasado. Que aún es todo como siempre fue. Que esto sólo es un pequeño obstáculo en el camino. Que esto se irá. Se evaporará. Desaparecerá. Como si nunca nada hubiese existido. Que siempre nos queda una sonrisa enterrada bajo miles de lágrimas. Que sigue existiendo esa puerta por la que escaparse un milenio entero, volver y no ser mayor. Los recuerdos. Salir de aquí. Olvidar. Todo... todo... todo...

sábado, 5 de febrero de 2011

made in eli

Hay un dicho que dice que nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. En cierto sentido, tiene razón, y me parece que lo he experimentado por mí misma varias veces. En otro sentido, no, no lo tiene. Yo sé, también en cierto sentido, lo que tengo y que concierne a cierta persona, y no será porque la haya perdido, nunca, nunca, nunca; no la estoy perdiendo y espero no perderla nunca. Nunca, es una palabra muy profunda. Nunca significa en ningún momento, jamás. Y siempre es su antónimo. Y una buena palabra siempre tiene antónimo.
Me gustan las buenas palabras. Me hacen sentir bien. Me hacen sentir que puedo jugar con ellas y tornarlas a mi gusto. Por ejemplo, con una pareja de sinónimo-antónimo, puedes hacer de todo, desde una buena ironía, hasta una antítesis o una paradoja. Me gustan las buenas palabras.
Puede haber una persona, dos, o más, quizás todo el mundo, a la que no le gusten las palabras. Ni las buenas, ni las malas. Personalmente, no creo que haya malas palabras. Unas gustan más, y otras menos. Por ejemplo, si le preguntas a una persona que cuál es su palabra favorita. No prometo nada, pero lo más normal sería que te diga amor, amistad, o algo por estilo. Si me preguntas a mí, puede que te diga que mi palabra favorita es lágrima. En realidad no lo es. Sólo me gusta esa palabra. Lágrima. Es bonita. Es una de mis favoritas, pero no mi favorita. Nunca la diría.
Una palabra buena puede ser juguete para un niño de dos años. Puede ser amigo para un niño de diez. Puede ser amor para uno de veinte, pero también lo puede ser para uno de cien. Cada persona elige las palabras con las que expresarse. Puede escoger entre las buenas y las menos buenas. No creo que nadie te diga que su palabra favorita es matar, o guerra, o algo así. Puede decirlo, sí, pero no sentirlo. Yo digo palabras y las siento. Al igual que tú escuchas música, o lees un libro, o hablas por teléfono, o simplemente vagueas.
Hay gente que dice que no se puede vivir sin las matemáticas. Bien, yo no les contradigo, sólo digo que sin palabras, ya menos letras, no se puede vivir. Es imposible.

secreto.


Sería bonito que volviésemos a ser amigas, como antes, tantos momentos juntas de los que ahora ya ni te acuerdas. Cuando yo pensaba que ibamos a ser inseparables... y ahora nisiquiera hablamos. Que ahora me servirías de mucha ayuda. Y que por culpa de un puñetero momento me han quitado todo. Que tú lo eras todo. Me gustaría volver a poder, al menos, hablar conmigo como si nada hubiese pasado. Me gustarían muchas cosas, ¿sabes? Tantas cosas imposibles...

miércoles, 2 de febrero de 2011

letters.

Guardadas bajo llave en dos sitios se encuentran tus cartas. El primero, perfectamente accesible para todo el mundo, la estantería de mi habitación, en una caja. La segunda, accesible para nadie, mi corazón. Todas tus cartas, las siete que conservo, durante cuatro años tuvimos esa correspondencia, esa que me hacía correr hacia el buzón todos los días y mirar por el hueco a ver si había alguna carta tuya. Casi todos, por no decir todos los días, cogía algún álbum de los nuestros y podía perderme en nuestras miradas de felicidad durante horas. "Eres mi mejor amiga, y te quiero mucho" escribiste, desde los seis años durante tanto tiempo. Un día, hace cuatro años, te escribí dos cartas. Una no llegó, la otra no fue respondida jamás. Ahora que acabo de verlas todas, me pregunto dónde estarás, si sigues viviendo en Oviedo, si sigues viviendo. Te vi un día, sí, pero casi ni me acuerdo de tu cara. Casi ni puedo continuar haciendo tus retratos anuales, esos en los que me imagino cómo serías ahora. Cuando estoy triste, simplemente evoco alguna de tus sonrisas plantadas en las fotos, o leo alguna de tus cartas para llenarme otra vez de nuestros recuerdos. Y te echo de menos, Belén. Aún recuerdo tu dirección de cabo a rabo, cuando quieras la recito. Aunque sea posible que no te vea jamás. Y aunque sea posible que ni siquiera vuelva a saber de ti jamás, seguiré echándote de menos, hablando de ti, recordándote, como en esos tiempos en los que nada nos importaba, unas niñas de cuatro años que pasaron felices pero volando para mí en el Buenavista I. Siempre lo recordaré.

so.

Tan voluble como una hoja de fresno en un día de otoño lluvioso, en el que la lluvia no cesa y los primeros vestigios de nieve se comienzan a apreciar, entre los árboles, que sobreviven, que aguantan a todo lo que quieras, a todo lo que se interponga en su camino... y ahí está la cuestión, ¿por qué dos cosas tan parecidas y tan relacionadas como una hoja y un árbol son tan diferentes? No hay más ejemplos. Se llama vida.

martes, 1 de febrero de 2011

El último deseo.


-Vereena...
-No mires. Vamos.
Cruzaron el patio, junto al rosal de las rosas azules, apoyándose el uno en el otro. Nivellen se tocaba el rostro incansablemente con la mano libre.
-No me lo creo, Geralt. ¿Después de tantos años? ¿Cómo es posible?
-En cada cuento hay una semilla de verdad- dijo el brujo en voz baja-. Amor y sangre. Ambos tienen mucha fuerza. Los magos y los Sabios se rompen la cabeza con este problema desde hace años, pero nunca han conseguido llegar a ninguna conclusión, exceptuando que...
-¿Qué, Geralt?
-El amor debe ser verdadero.

Adrzej Sapkowski. La Saga de Geralt de Rivia.